Disfruto divagar dentro de tus adentros, navegar dentro de ti. Quiero saberlo todo, desde cómo te hiciste la cicatriz que tienes en el dedo hasta cómo te rompieron el corazón por primera vez. Quiero saberlo todo, porque la coraza no me satisface. Me interesa divagar dentro de tus pensamientos acerca de la muerte, átomos, células, magia, intelecto, galaxias lejanas, conspiraciones, seres extraños, política, filosofía y sociedad.
No quiero saber cómo te fue en el día ni qué estás haciendo, o bueno, sí quiero; pero no sacia mi sed por saber de ti. No me conformo con las bagatelas, porque cuando navego en tus adentros quiero encontrar la perla de tu ostra. Saber qué es lo que más te apasiona y ver tus ojos brillar, tus manos gesticular palabras llenas de ilusión; saber qué-quiénes-cómo-cuándo-dónde-por qué te motivas a seguir dando pasos agigantados hacia esto que llamamos vida; tus peores miedos, demonios e inseguridades; aquellos asuntos que, aunque calificados como banales, te mantienen despierto a las 3:00 a.m.; las películas que te hacen estallar de risa o en lágrimas; lo que te hace volver a saborear el pasado o querer borrarlo de la faz de la tierra; las fragancias que deleitan a tus pupilas gustativas, los deleites que entran despacito por tu nariz, los atardeceres que has escuchado y la música que te revuelve las neuronas, te eriza los más recónditos vellitos de tu piel y te provoca inconmensurables emociones a la vez.
Cuando divago en ti no me interesan los detalles vagos. Prefiero las redes invisibles interconectadas en líneas del tiempo que se entrelazan cada vez que comienzas a redundar en tus historias repletas de personajes y escenarios que no conozco, pero imagino gracias a ti, el narrador. Me gustaría que me relataras sobre el día que se cayó tu primer diente de leche, el primer regalo, el primer beso. Cuéntame sobre la vez que sentiste tanto amor por alguien que decidiste entregarte en cuerpo y alma, y viviste la pasión de querer(se). Acerca de ese día que caminaste bajo la lluvia, lleno de llameantes ilusiones para que todo se extinguiera en un santiamén.
En ti, en ti quiero divagar. Y tú, ¿Tú quieres divagar dentro de mí?
Tanto a la vez y a la vez nada
Producto de la malparidez existencial.
domingo, 22 de septiembre de 2019
sábado, 14 de septiembre de 2019
Quienquiera que seas
Quienquiera que seas
Sospecho con temor que caminas por senderos inciertos
Temo que tu impávida naturaleza es un escudo ante la realidad
Temo que tus ilusiones se pierdan bajo el velo de perfección, expectativa, muerte, inseguridad, desmotivación
Te muestras impertérrito, pero
tengo mis sospechas de que por dentro temes a lo que yo temo, y es que no tenemos realidades tan ajenas como pensaste.
Por eso pongo ante ti mi poema: deseo que hagas con él lo que te plazca, después de todo, ya es tuyo. Es un presente de mí para ti, pero si quieres puedes hacerlo un futuro.
Destrózalo o devóratelo
Después de todo, ya es tuyo.
Quienquiera que seas
Tengo la certeza de que por muchos años el odio te rozó la piel y cicatrizó en todo tu cuerpo
Que pensaste que toda esperanza estaba perdida bajo la incertidumbre de enfrentarte al futuro
Que no sabías, no tenías forma de saber, que te iban a obligar a madurar tan rápido
Que tu vida no estaría resuelta, que ibas a tener que buscar maneras de hacerlo.
Te regalo este poema
Porque a ti nadie te ha amado, pero yo te amo
A ti nadie te ha dedicado canciones ni paisajes ni lunas, pero yo te he dedicado mi vida entera
Porque a ti nadie te ha atiborrado de tanta felicidad que pienses que hay epidemias de locura y amor que valen la pena
A ti nadie te ha comprendido, pero yo te comprendo
A ti nadie te ha escrito, pero yo lo estoy haciendo.
Pero decidiste comenzar a creer, así como yo creo en ti.
Creo en tus inseguridades, porque una connotación negativa no significa inexistente, porque gracias a ellas también existes. Y que te enfrentes a ellas es prueba de que no temes como antes, que luchas.
Creo en todo lo que sale de tu boca, en las palabras que trasbocas.
Creo en lo que crean tus manos, en lo que tocan y retocan.
Creo en tu visión hacia el futuro, que, aunque incierto, es tuyo. Todo lo que quieras será tuyo.
Quienquiera que seas
Creo en ti
En tus temores
En tus ilusiones
En tus esperanzas
En tus defectos
En tus inseguridades
Creo en ti
Así como creo en mí
Así como creo este poema
Y ambos existimos.
Sospecho con temor que caminas por senderos inciertos
Temo que tu impávida naturaleza es un escudo ante la realidad
Temo que tus ilusiones se pierdan bajo el velo de perfección, expectativa, muerte, inseguridad, desmotivación
Te muestras impertérrito, pero
tengo mis sospechas de que por dentro temes a lo que yo temo, y es que no tenemos realidades tan ajenas como pensaste.
Por eso pongo ante ti mi poema: deseo que hagas con él lo que te plazca, después de todo, ya es tuyo. Es un presente de mí para ti, pero si quieres puedes hacerlo un futuro.
Destrózalo o devóratelo
Después de todo, ya es tuyo.
Quienquiera que seas
Tengo la certeza de que por muchos años el odio te rozó la piel y cicatrizó en todo tu cuerpo
Que pensaste que toda esperanza estaba perdida bajo la incertidumbre de enfrentarte al futuro
Que no sabías, no tenías forma de saber, que te iban a obligar a madurar tan rápido
Que tu vida no estaría resuelta, que ibas a tener que buscar maneras de hacerlo.
Te regalo este poema
Porque a ti nadie te ha amado, pero yo te amo
A ti nadie te ha dedicado canciones ni paisajes ni lunas, pero yo te he dedicado mi vida entera
Porque a ti nadie te ha atiborrado de tanta felicidad que pienses que hay epidemias de locura y amor que valen la pena
A ti nadie te ha comprendido, pero yo te comprendo
A ti nadie te ha escrito, pero yo lo estoy haciendo.
Pero decidiste comenzar a creer, así como yo creo en ti.
Creo en tus inseguridades, porque una connotación negativa no significa inexistente, porque gracias a ellas también existes. Y que te enfrentes a ellas es prueba de que no temes como antes, que luchas.
Creo en todo lo que sale de tu boca, en las palabras que trasbocas.
Creo en lo que crean tus manos, en lo que tocan y retocan.
Creo en tu visión hacia el futuro, que, aunque incierto, es tuyo. Todo lo que quieras será tuyo.
Quienquiera que seas
Creo en ti
En tus temores
En tus ilusiones
En tus esperanzas
En tus defectos
En tus inseguridades
Creo en ti
Así como creo en mí
Así como creo este poema
Y ambos existimos.
domingo, 8 de septiembre de 2019
Reparar gente rota
Siento este maldito deseo de reparar gente rota
Me preocupo en demasía por las personas
Me duelen sus penas como propias
Busco soluciones como si fueran míos sus conflictos
Y siento su infelicidad como si recorriera mis venas
Pero entonces los abrazo
¿Cómo estás?
¿Ya te sientes mejor?
Sabes que puedes contar conmigo
Si necesitas hablar, aquí estoy
Deseo que tengas un bonito día
Te invito a salir si eso te hace sentir mejor
Sí, siento este maldito deseo de reparar gente rota
Tal vez porque muy en el fondo desearía que alguien viniera a hacer lo mismo.
Me preocupo en demasía por las personas
Me duelen sus penas como propias
Busco soluciones como si fueran míos sus conflictos
Y siento su infelicidad como si recorriera mis venas
Pero entonces los abrazo
¿Cómo estás?
¿Ya te sientes mejor?
Sabes que puedes contar conmigo
Si necesitas hablar, aquí estoy
Deseo que tengas un bonito día
Te invito a salir si eso te hace sentir mejor
Sí, siento este maldito deseo de reparar gente rota
Tal vez porque muy en el fondo desearía que alguien viniera a hacer lo mismo.
A ti
Por muchas noches pensaste que estabas sola.
Pero no era así, no.
Te tenías.
Te tenías a ti, a ti contigo, a ti con tus labios resecos,
los ojos encharcados, las piernas tatuadas de sangre y
marcas profundas en la piel y la mente adolorida.
Pero te tenías, al fin y al cabo.
Y ahí, donde nadie más te veía, te sufrías contigo misma
y eras a ti quien lastimabas.
Por muchas noches fue así.
Pero paró.
Algo cambió. No sé si en tu cerebro, si en tu alma, si en tu entorno.
Pero algo cambió.
Un día ya no era de noche, viste un rayo de luz que entraba por tus ojos
Unos seres que te alentaban a seguir adelante
Entonces comenzaste a consolarte
A quererte
A amarte
A tenerte de verdad
Te diste cuenta de que no estabas sola
De que nunca lo estuviste
De que siempre te tuviste
A ti.
Apagar
Apagar
Apagar el fuego que me encendíaDecirle al corazón que se calle
Que lo guardaré en un cofrecito
Así como todas las cartas que te escribí y nunca te entregué
Las tengo todas arrugaditas, vueltas un manojo de átomos
Allí, donde nadie las podrá encontrar, donde no las veas
A mi corazón le diré que se calle
Que no tiene sentido ya
Ya no vale la pena, estúpido
Cállate, deja de palpitar
Pero no te preocupes, estaremos bien
Es momentáneo, pasajero
Como lo fui yo, como lo soy
Solo queda la satisfacción
Los recuerdos
Las caricias
Los pequeños detalles
Las canciones
Las miradas
Las películas
Los desayunos
Las invitaciones
Las risas
¿El cariño?
Sí
Tal vez
Solo queda la resignación.
jueves, 18 de julio de 2019
Palabras
Palabras
Escribo palabras, oraciones sin sentido, párrafos sin cohesión alguna, textos carentes de razón. Escribo pensamientos, sueños y deseos; me como las palabras como si mi vida dependiera de ello: las cojo y las recojo, las pongo en mi boca, las mastico, las saboreo y las trasboco. Así funciona esto, así funcionamos todos. Algunas me saben a estiércol, me cuesta disfrutar su sabor. Nos repugnan, quisiéramos que no existiesen, que no fueran pronunciadas ni escritas, porque duelen. Te duelen como si arrancaran tu corazón de un tirón y lo pisotearan. Pero hay otras que nos encanta poner en las cuerdas vocales y gritarlas a todo pulmón. Sí, son esas, las que le decimos a un buen amigo, a un ser amado y al perrito de la casa.
Las palabras están allí, viven, para que sean usadas en contexto en tu texto. ¡Viven para que las usemos, para que las tomemos, las desvistamos y les saquemos toda sustancia! Son historia en la etimología, son forma en morfología, son significado en la semántica, son sonido en la fonética, son estructura en la sintaxis y son categorías en la gramática; sin embargo, necesitan de un impulso para cobrar vida. Basta con que alguien piense en ellas para que despierten en el hablante, basta con el balbuceo de un bebé y las últimas palabras de un moribundo. Basta con que yo esté escribiendo estas palabras, estas oraciones sin sentido, estos párrafos sin cohesión alguna, este texto carente de razón para decir: existen.
Escribo palabras, oraciones sin sentido, párrafos sin cohesión alguna, textos carentes de razón. Escribo pensamientos, sueños y deseos; me como las palabras como si mi vida dependiera de ello: las cojo y las recojo, las pongo en mi boca, las mastico, las saboreo y las trasboco. Así funciona esto, así funcionamos todos. Algunas me saben a estiércol, me cuesta disfrutar su sabor. Nos repugnan, quisiéramos que no existiesen, que no fueran pronunciadas ni escritas, porque duelen. Te duelen como si arrancaran tu corazón de un tirón y lo pisotearan. Pero hay otras que nos encanta poner en las cuerdas vocales y gritarlas a todo pulmón. Sí, son esas, las que le decimos a un buen amigo, a un ser amado y al perrito de la casa.
Las palabras están allí, viven, para que sean usadas en contexto en tu texto. ¡Viven para que las usemos, para que las tomemos, las desvistamos y les saquemos toda sustancia! Son historia en la etimología, son forma en morfología, son significado en la semántica, son sonido en la fonética, son estructura en la sintaxis y son categorías en la gramática; sin embargo, necesitan de un impulso para cobrar vida. Basta con que alguien piense en ellas para que despierten en el hablante, basta con el balbuceo de un bebé y las últimas palabras de un moribundo. Basta con que yo esté escribiendo estas palabras, estas oraciones sin sentido, estos párrafos sin cohesión alguna, este texto carente de razón para decir: existen.
Soledad
Ella me abraza, me arrulla en sus brazos y me susurra al oído: "Quédate conmigo" y le hago caso, me quedo, porque allí no temo a que me lastimen ni a que me abandonen.
Pero a veces
Oh
Solo a veces
Quisiera que no fuera ella quien me diera ese abrazo.
A veces
Solo a veces
Quisiera que ella se fuera, que alguien más viniera y me acogiera; pero ese alguien no viene, nadie viene.
Solo está ella
Soledad la llaman.
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