domingo, 22 de septiembre de 2019

Di: vagar

Disfruto divagar dentro de tus adentros, navegar dentro de ti. Quiero saberlo todo, desde cómo te hiciste la cicatriz que tienes en el dedo hasta cómo te rompieron el corazón por primera vez. Quiero saberlo todo, porque la coraza no me satisface. Me interesa divagar dentro de tus pensamientos acerca de la muerte, átomos, células, magia, intelecto, galaxias lejanas, conspiraciones, seres extraños, política, filosofía y sociedad.

No quiero saber cómo te fue en el día ni qué estás haciendo, o bueno, sí quiero; pero no sacia mi sed por saber de ti. No me conformo con las bagatelas, porque cuando navego en tus adentros quiero encontrar la perla de tu ostra. Saber qué es lo que más te apasiona y ver tus ojos brillar, tus manos gesticular palabras llenas de ilusión; saber qué-quiénes-cómo-cuándo-dónde-por qué te motivas a seguir dando pasos agigantados hacia esto que llamamos vida; tus peores miedos, demonios e inseguridades; aquellos asuntos que, aunque calificados como banales, te mantienen despierto a las 3:00 a.m.; las películas que te hacen estallar de risa o en lágrimas; lo que te hace volver a saborear el pasado o querer borrarlo de la faz de la tierra; las fragancias que deleitan a tus pupilas gustativas, los deleites que entran despacito por tu nariz, los atardeceres que has escuchado y la música que te revuelve las neuronas, te eriza los más recónditos vellitos de tu piel y te provoca inconmensurables emociones a la vez.

Cuando divago en ti no me interesan los detalles vagos. Prefiero las redes invisibles interconectadas en líneas del tiempo que se entrelazan cada vez que comienzas a redundar en tus historias repletas de personajes y escenarios que no conozco, pero imagino gracias a ti, el narrador. Me gustaría que me relataras sobre el día que se cayó tu primer diente de leche, el primer regalo, el primer beso. Cuéntame sobre la vez que sentiste tanto amor por alguien que decidiste entregarte en cuerpo y alma, y viviste la pasión de querer(se). Acerca de ese día que caminaste bajo la lluvia, lleno de llameantes ilusiones para que todo se extinguiera en un santiamén.

En ti, en ti quiero divagar. Y tú, ¿Tú quieres divagar dentro de mí?

sábado, 14 de septiembre de 2019

Quienquiera que seas

Quienquiera que seas
Sospecho con temor que caminas por senderos inciertos
Temo que tu impávida naturaleza es un escudo ante la realidad
Temo que tus ilusiones se pierdan bajo el velo de perfección, expectativa, muerte, inseguridad, desmotivación
Te muestras impertérrito, pero
tengo mis sospechas de que por dentro temes a lo que yo temo, y es que no tenemos realidades tan ajenas como pensaste.
Por eso pongo ante ti mi poema: deseo que hagas con él lo que te plazca, después de todo, ya es tuyo. Es un presente de mí para ti, pero si quieres puedes hacerlo un futuro.
Destrózalo o devóratelo
Después de todo, ya es tuyo.

Quienquiera que seas
Tengo la certeza de que por muchos años el odio te rozó la piel y cicatrizó en todo tu cuerpo
Que pensaste que toda esperanza estaba perdida bajo la incertidumbre de enfrentarte al futuro
Que no sabías, no tenías forma de saber, que te iban a obligar a madurar tan rápido
Que tu vida no estaría resuelta, que ibas a tener que buscar maneras de hacerlo.

Te regalo este poema
Porque a ti nadie te ha amado, pero yo te amo
A ti nadie te ha dedicado canciones ni paisajes ni lunas, pero yo te he dedicado mi vida entera
Porque a ti nadie te ha atiborrado de tanta felicidad que pienses que hay epidemias de locura y amor que valen la pena
A ti nadie te ha comprendido, pero yo te comprendo
A ti nadie te ha escrito, pero yo lo estoy haciendo.

Pero decidiste comenzar a creer, así como yo creo en ti.
Creo en tus inseguridades, porque una connotación negativa no significa inexistente, porque gracias a ellas también existes. Y que te enfrentes a ellas es prueba de que no temes como antes, que luchas.
Creo en todo lo que sale de tu boca, en las palabras que trasbocas.
Creo en lo que crean tus manos, en lo que tocan y retocan.
Creo en tu visión hacia el futuro, que, aunque incierto, es tuyo. Todo lo que quieras será tuyo.
Quienquiera que seas
Creo en ti
En tus temores
En tus ilusiones
En tus esperanzas
En tus defectos
En tus inseguridades
Creo en ti
Así como creo en mí
Así como creo este poema
Y ambos existimos.

domingo, 8 de septiembre de 2019

Reparar gente rota

Siento este maldito deseo de reparar gente rota
Me preocupo en demasía por las personas
Me duelen sus penas como propias
Busco soluciones como si fueran míos sus conflictos
Y siento su infelicidad como si recorriera mis venas
Pero entonces los abrazo
¿Cómo estás?
¿Ya te sientes mejor?
Sabes que puedes contar conmigo
Si necesitas hablar, aquí estoy
Deseo que tengas un bonito día
Te invito a salir si eso te hace sentir mejor
Sí, siento este maldito deseo de reparar gente rota
Tal vez porque muy en el fondo desearía que alguien viniera a hacer lo mismo.

A ti

Por muchas noches pensaste que estabas sola.
Pero no era así, no.
Te tenías.
Te tenías a ti, a ti contigo, a ti con tus labios resecos,
los ojos encharcados, las piernas tatuadas de sangre y
marcas profundas en la piel y la mente adolorida.
Pero te tenías, al fin y al cabo.
Y ahí, donde nadie más te veía, te sufrías contigo misma
y eras a ti quien lastimabas.
Por muchas noches fue así.
Pero paró.
Algo cambió. No sé si en tu cerebro, si en tu alma, si en tu entorno.
Pero algo cambió.
Un día ya no era de noche, viste un rayo de luz que entraba por tus ojos
Unos seres que te alentaban a seguir adelante
Entonces comenzaste a consolarte
A quererte
A amarte
A tenerte de verdad
Te diste cuenta de que no estabas sola
De que nunca lo estuviste
De que siempre te tuviste
A ti.

Apagar

Apagar

Apagar el fuego que me encendía
Decirle al corazón que se calle
Que lo guardaré en un cofrecito
Así como todas las cartas que te escribí y nunca te entregué
Las tengo todas arrugaditas, vueltas un manojo de átomos
Allí, donde nadie las podrá encontrar, donde no las veas
A mi corazón le diré que se calle
Que no tiene sentido ya
Ya no vale la pena, estúpido
Cállate, deja de palpitar
Pero no te preocupes, estaremos bien
Es momentáneo, pasajero
Como lo fui yo, como lo soy
Solo queda la satisfacción
Los recuerdos
Las caricias
Los pequeños detalles
Las canciones
Las miradas
Las películas
Los desayunos
Las invitaciones
Las risas
¿El cariño?

Tal vez
Solo queda la resignación.

jueves, 18 de julio de 2019

Palabras

Palabras


Escribo palabras, oraciones sin sentido, párrafos sin cohesión alguna, textos carentes de razón. Escribo pensamientos, sueños y deseos; me como las palabras como si mi vida dependiera de ello: las cojo y las recojo, las pongo en mi boca, las mastico, las saboreo y las trasboco. Así funciona esto, así funcionamos todos. Algunas me saben a estiércol, me cuesta disfrutar su sabor. Nos repugnan, quisiéramos que no existiesen, que no fueran pronunciadas ni escritas, porque duelen. Te duelen como si arrancaran tu corazón de un tirón y lo pisotearan. Pero hay otras que nos encanta poner en las cuerdas vocales y gritarlas a todo pulmón. Sí, son esas, las que le decimos a un buen amigo, a un ser amado y al perrito de la casa.

Las palabras están allí, viven, para que sean usadas en contexto en tu texto. ¡Viven para que las usemos, para que las tomemos, las desvistamos y les saquemos toda sustancia! Son historia en la etimología, son forma en morfología, son significado en la semántica, son sonido en la fonética, son estructura en la sintaxis y son categorías en la gramática; sin embargo, necesitan de un impulso para cobrar vida. Basta con que alguien piense en ellas para que despierten en el hablante, basta con el balbuceo de un bebé y las últimas palabras de un moribundo. Basta con que yo esté escribiendo estas palabras, estas oraciones sin sentido, estos párrafos sin cohesión alguna, este texto carente de razón para decir: existen.

Soledad

Ella me abraza, me arrulla en sus brazos y me susurra al oído: "Quédate conmigo" y le hago caso, me quedo, porque allí no temo a que me lastimen ni a que me abandonen.

Pero a veces

Oh

Solo a veces

Quisiera que no fuera ella quien me diera ese abrazo.

A veces

Solo a veces

Quisiera que ella se fuera, que alguien más viniera y me acogiera; pero ese alguien no viene, nadie viene.

Solo está ella

Soledad la llaman.

miércoles, 10 de julio de 2019

Tristeza

Tristeza

- Mirá, dejáme en paz, ya hemos pasado por esto muchas veces y sabes cómo termina siempre: yo destruida y vos haciendo añicos mi cabeza.
- Pero es que no entendés, yo no tengo la culpa, vos sos quien me llama siempre.
- ¿Cómo que te llamo? Si apenas te pienso, a mí no me vengás con esas falacias.
- Vos me llamás cada vez que piensas en tu perrito muerto, en tu yo adolescente, en tu cuerpo vuelto mierda, en un futuro incierto, en las personas que se han ido de tu vida y en las que has alejado también, en tu ineptitud para socializar, en tu...
- ¿Ves? A esto me refiero, hablo contigo una vez, intento abrazar el sentimiento como parte de mí, pero te me haces inconmesurable, preferiría que te fueras para siempre.

viernes, 31 de mayo de 2019

Ojalá

Ojalá que algún día despiertes
Y no te duela la existencia
Y te amases la carne
Sin sentir temor ni vergüenza
Ojalá que algún día puedas decir
Te quiero
Sin temor al abandono
Y al olvido
Ojalá que algún día encuentres a alguien
Que te bese los párpados
Que te cuide las lágrimas trasnochadas
Que te haga sentir lo que eres:
Especial

Un río de caca

Querido amigo:

Me siento como la puta mierda.
Siento que alejo a todo el mundo con mis actitudes y mis palabras y siento que a la vez todo el mundo se aleja voluntariamente, sin explicación alguna, sólo se van.
A veces siento como si no tuviera nada qué ofrecer socialmente: no sé conversar, no sé expresarme facialmente, me da temor compartir lo que pienso y me da mucho más temor abrirme a las personas, confiar en ellas y conocer gente nueva. Puedo seguir la lista sin problemas: soy insegura y ansiosa, así que todo el tiempo me la paso pensando que la gente me odia y que realmente no disfrutan de mi compañía.


miércoles, 29 de mayo de 2019

Ladrona de canciones

Cuando alguien te comparte música, te comparte una parte de su alma. Se pone vulnerable ante ti, porque le tememos al rechazo: "¿Y si no le gusta?" "¿Y si ese género no es de su agrado?", pensamos. Pero entonces nos arriesgamos, compartimos, regalamos, ofrecemos, damos, dedicamos canciones. Esperamos una reacción, quedamos atentos, emocionados, esperamos que la otra persona sienta el mismo frenesí o el mismo sentimiento de aquel momento en el que la melodía tocó nuestros témpanos. Y qué delicia cuando les gusta, cuando escuchan esa canción y se acuerdan de ti, cuando días después te dicen "No paro de escucharla".

No conozco a mucha gente. En su mayoría ha sido pasajera, personas con las que he intercambiado datos superficiales de mi vida, pero ni siquiera nos vimos en persona. La mayoría de estas personas las he conocido por medio de redes sociales o aplicaciones, ya que eso de socializar, de conocer gente como los seres humanos normales, no se me da. La mayoría de estas personas no se ha quedado, han sido efímeras, pero sí me han dejado algo antes de irse, además del breve recuerdo de un intercambio de mensajes que murió o lo dejamos morir. A pesar de que estas personas ya no estén presentes, les agradezco por haberme compartido un pedacito de su alma. Tal vez ellos ya no me recuerden, pero yo sí, recuerdo mucho, me gusta recordar.

Recuerdo a M., el chico que me mostró a Franz Ferdinand y a Artics Monkeys. Los últimos, su banda favorita.
También a J., quien me mostró Ghost.
A alguien, quien, no recuerdo su nombre, le robé a Eivør y el género Folk.
El mechudo que tenía más cara de niña que yo y que me mandaba audios cantando me presentó a Ed Maverick y otras canciones tristes.
A Y. le hurté algunos soundtracks y una canción de Queen.
A. hizo que me volviera a interesar por el portugués y me enseñó las diferencias entre el portugués brasileño y el europeo.

lunes, 20 de mayo de 2019

El taxista

Me subo al taxi en la parte trasera, no miro la cara del conductor, pero en cuanto escucho «¡Buenas noches, señorita Dayanna!» ya sé quién es: ese señor que me observa con tanta alegría y amabilidad es Don Jairo, el amigo de mi papá. Mi papá y yo siempre nos reímos porque sólo tenemos dos tipos de amigos: locos y locas. Don Jairo no será loca, pero sí loco.

—Señorita, ¿Qué tal va la universidad?

—Muy bien, Don Jairo, ya casi acabo semestre.

—¿Cómo vas con el francés? Mira que esa es una carrera muy difícil, ustedes tienen que encontrarle el sentido a lo que leen y luego pasarlo a otra lengua. A mí me hubiera gustado aprender más idiomas. Alemán por ejemplo, ¿Tú sabes alemán? Yo me sé algunos fragmentos en inglés. Si quieres te los digo Dayannita y por favor me corriges si me equivoco. «I feel lost without your love» significa: «Me siento perdido sin tu amor» ¿Verdad que sí? Es que yo me aprendí esas fracesitas por allá cuando se usaban los cassettes. También las escucho en canciones, las escribo y las anoto y pienso «¡Ve! Cuando vea a Dayanna le voy a preguntar qué significa». Mi sueño es conocer varios países de Europa. Ya le dije a su papá para que me pase una memoria USB para yo pasarle los cursos de francés. ¿Wilson sí le dio las transcripciones de los audios? Dayannita, también debería aprender portugués, mire que es un idioma muy bonito y usted que es tan inteligente y ya sabe francés se le va a hacer fácil. A mí sí me hubiera gustado viajar más, aproveche mi niña que usted está muy joven...

Apenas me deja espacio para responderle. La razón por la que me habla así de rápido y sin cohesión alguna es porque nuestros viajes no son largos. Mi casa queda a 5 minutos en taxi del apartamento de mi papá. Así que aprovecha, aprovecha cada segundo para decirme las frases nuevas que aprendió en una canción grabada en un cassette, sugerirme que aprenda un nuevo idioma o pronunciarme frases para que se las corrija. Ese es Don Jairo, un loco que no es loca, sólo un señor autodidacta con una capacidad intelectual impresionante y mucho por decir.

Llego a la esquina de la cuadra de mi casa. Vivo en una loma y su taxi no sube.

—Muchas gracias, Don Jairo. Luego le digo a mi papá lo de la USB. ¿Cuánto le pago?
—Deje así, mi niña, que yo cuadro con su papá.

Y me bajo del taxi, y pienso, «Mi papá sí se consigue amigos muy locos».

abrazar (v.)


abrazar

De brazo.

1. tr. Ceñir con los brazos. U. t. c. prnl.
2. tr. Estrechar entre los brazos en señal de cariño. U. t. c. prnl.


Tenía alrededor de quince años cuando una compañera del colegio me preguntó: "¿A usted por qué no le gusta abrazar?" y no supe darle respuesta por el hecho de que nunca me había percatado de esta extraña característica mía. Ese contacto físico me incomodaba en demasía, sobretodo si provenía de una persona con quien apenas intercambiaba palabras de cortesía. Me quedaba paralizada, no comprendía muy bien el porqué: ¿por qué me ciñes con tus brazos si apenas me conoces?

Con el tiempo comprendí que no necesitaba un porqué, sólo un con quién. No se trataba de la acción, sino del sentimiento detrás de ella en señal de cariño. Se trataba de sentirse protegida entre brazos más largos que los tuyos, el perfume evaporándose, la calidez transmitida por el pecho, el latir de dos corazones.

Di: vagar

Disfruto divagar dentro de tus adentros, navegar dentro de ti. Quiero saberlo todo, desde cómo te hiciste la cicatriz que tienes en el dedo ...